La canción del verano

LA CANCIÓN DEL VERANO

Quien no lo hace es porque no quiere. La canción del verano es algo así como el despertador o el almuerzo, está presente en cada uno de nosotros. ¿Quién no ha sacado alguna vez un temita en la soledad que ha querido compartir con sus amigos? Numerosos estudios han confirmado que incluso es necesaria para subsistir, comparable al petróleo o el agua ya que segregan un fluido interno con el que brota felicidad. Nadie puede resistirse a una melodía pegadiza, repetitiva durante los tres meses de verano, aunque quizás influye el hecho de que se escucha en todos lados, ya sea en la playa, en la radio o de marcha. Analizando un poco la historia de este género, observamos que es obligatorio el uso continuado de la misma palabra, hablar de poca ropa o del “calorsito”. Algunos son infumables como el ¿queridísimo? reggaeton, y otros son claudicados y llevados a la leyenda como el inigualable Georgie Dann, ídolo de gran parte de los redactores de esta revista. Es destacable el porte de esas increíbles camisas floreadas que llevaba el artista francés por parte de muchos de ellos. Cosas de la influencia.

Deteniéndonos en su historia, todos, y cuando decimos todos nos referimos hasta al más calzonazos, se sabe la letra de “Back is black” de Los Bravos aunque esté en el idioma shakesperiano, con 41 años a sus espaldas. Shakespeare no, me refiero a la canción. Los Bravos, Los Sírex con su “si yo tuviera una escoba” o Los Payos. Mediados los sesenta y principios de los setenta, la clave fue llamarse “Los _________”, ganando enteros una palabra que no se entendiera bien. Sólo Fórmula V se salvó de la criba y desafió a dicha norma.

Pensándolo mejor, ¿por qué no nos ponemos cada uno de nosotros a sacarle punta al lápiz, poner un papel por delante y exprimir los sesos? No os preocupeis, no es tan complicado, sólo hay que oír lo de años anteriores, aunque mejor le damos una vuelta de tuerca. Por lo pronto, una base que podemos hacer con el Casiotone de toda la vida o en su defecto un organillo. En veinte minutos tenemos una melodia pegadiza, aunque nuestro vecino el músico eche pestes por la boca debido a la vergüenza ajena que le estamos haciendo pasar. Lo próximo, rimas fáciles, no hace falta ser un Béquer o un Serrat para que el gentío repita sin cesar tu estribillo. Eso sí, el título de la canción debe predominar en las estrofas, especialmente en los coros. Otro motivo importante es la duración, no debe ni durar menos de un minuto como aquellas de Manolo Kabezabolo en sus mejores tiempos ni una improvisación a lo Led Zeppelin que te ocupe toda la tarde. ¿Acaso dudas de las garantías de éxito? El Batracio Amarillo te lo trae fácil, ya que el consejo de oro que te da es el videoclip. Cuantas más tetas y cuerpos mojados mejor. Lo de las quejas que puedas recibir sobre usar “mujeres-objeto” es de rojos, ateos y feministas, si tienes un buen cuerpo, qué mejor que enseñarlo en un videoclip veraniego de corta vida creativa. ¿Es necesario algo más? Apunta también que no se te olvide sacar imágenes playeras en el vídeo, de cualquier chiringuito, pero que no sea de una paella familiar con importantes barrigas asomando por encima de la mesa, le quita sex-appeal al tema. Otro ingrediente básico que no debe faltar en el vídeo son unas gafas de sol que te tapen toda la cara… quizás sean para mantener un mínimo de dignidad disfrutando del anonimato después de que acabe el verano y seas historia. Esto es como el rock’n'roll sesentero, “vive deprisa y deja un bonito cadáver”, pero no te lo tomes al pie de la letra, con que vuelvas en septiembre a tu trabajo una vez visitadas todas las galas de TV veraniegas, es suficiente. No seamos agoreros. Como detallito podrías inventarte una jerga, una forma de hablar, ya que “perrear” sabe todo el mundo, y “Aserejé”… no, pero no creo que importe mucho. Una ley de Murphy (el que aseguraba que si se te caía una tostada, lo hacía por la parte de la mantequilla) decía que “todo experto es aquel que viene de fuera”, así que un tema cantado en spanglish sería ideal, da un status que difícilmente podrías demostrar siendo un pordiosero autóctono.

No hay excusa, si quieres montarte en el dinero fácil, que te mangoneen los promotores y viajar de un lado para otro, sácale un poco de rentabilidad al ingenio y mucha, mucha cara. Te esperamos a que nos cuentes tu experiencia, ya que, como quedamos al principio, si no lo haces es porque no quieres.

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